Anhedonia o por qué algunas personas no disfrutan de nada

Guillermo Penzo La vida, en ocasiones, se siente como si avanzáramos con el freno de mano puesto, arrastrando una sensación de vacío que nos obliga a preguntarnos: ¿Por qué siento que no disfruto nada? Quizás te has dado cuenta de que ya no experimentas la misma emoción por las actividades que antes te apasionaban, o sientes que tu mente se ha convertido en una máquina enfocada solamente en producir y cumplir tareas, dejando el placer en el último lugar de tus prioridades.

Es frustrante notar que, aunque todo parezca estar “bien”, la capacidad de gozar se ha ido apagando. Si has conectado con este planteamiento, este artículo es para ti, pues aquí analizaremos las razones profundas detrás de este estado, y, lo más importante, te daremos recomendaciones claras sobre cómo puedes empezar a disfrutar de la vida nuevamente.

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Vivir con el freno puesto: ¿Por qué siento que no disfruto nada?

De acuerdo con Psicología y Mente, portal especializado en temas psicológicos, hay personas que transitan la vida con una sensación de estancamiento involuntario. Este fenómeno, conocido como anhedonia, es un proceso profundo que nos arrebata la facultad de gozar de las cosas. Es como si una fuerza interna fuera apagando nuestra luz, impidiéndonos conectar con el  entusiasmo cotidiano.

Asimismo, el portal indica que este “proceso no surge porque sí”; hay razones profundas que explican su origen y en MiCasino te las compartimos a continuación.

  • Estrés crónico: un cuerpo que olvidó cómo relajarse

La presión constante obliga a nuestro organismo a permanecer en un estado de alerta ininterrumpido. Al inundarse de hormonas como el cortisol, el cerebro le dará prioridad a la supervivencia sobre el disfrute, lo que afectará la capacidad de percibir el placer. Es decir, la tensión se volverá tan cotidiana que relajarte comenzará a sentirse ajena o incluso incómoda (el cuerpo se acostumbrara a “estar en guardia” y no soltar el control).

  • Desconexión emocional: cuando protegernos nos impide disfrutar

La siguiente razón que explica Psicología y Mente tiene que ver con “adormecer” nuestras emociones como un mecanismo de defensa. Se trata de las personas que, para ponerse a salvo, eligieron bajar el volumen a sus sentimientos. Aunque esto nos ayuda a alejarnos de la tristeza y el dolor, crea una barrera que nos impide sentir emociones positivas como la alegría.

Vivir desconectados nos mantiene de alguna forma protegidos, pero, al mismo tiempo, nos deja un vacío emocional que bloquea el placer.

  • El peso de las expectativas: la trampa de la felicidad perfecta

La presión que sentimos por estar “siempre bien” puede transformarse en nuestra mayor fuente de insatisfacción. Si compramos la idea de que la plenitud es un estado permanente, es muy probable que terminamos viendo la cotidianidad como algo insuficiente.

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  • Vivir para producir: olvidarnos del descanso

Otro factor que hace que el disfrute desaparezca es el convertir nuestro tiempo libre en una herramienta para ser más eficientes. La obsesión por rendir nos impide desconectar de verdad. En ese sentido, las actividades de bienestar que solemos realizar, como el yoga o la meditación, corren el riesgo de pasar a ser “tareas pendientes”, quitándole al ocio su propia esencia.

  • Compararnos con otros: espejo distorsionado

Nuestras redes sociales actúan como un espejo distorsionado en el que vemos las vidas de los demás y sus momentos estelares, y sentimos que lo nuestro “no es suficiente” para sentir alegría porque siempre parece haber alguien pasándola mejor.

 Anhedonia o sentirse vacío: cómo recuperarse 

Ahora que ya sabemos las respuestas a la pregunta por qué siento que no disfruto nada, en MiCasino te presentamos las recomendaciones de los expertos para disfrutar de la vida:

  • El arte de estar presente: el primer paso que podemos dar es centrar nuestra mirada en lo que ya poseemos. En lugar de vivir en la carencia o en el “qué vendrá”, aprende a valorar lo que ya tienes (lo cotidiano) y a conectar con el presente. Al anclarnos en el aquí y el ahora, disminuimos la ansiedad por el futuro y permitimos que cada experiencia, por pequeña que sea, nos toque de verdad.
  • Construye un propósito: contar con metas claras, funciona como una brújula emocional y nos da un sentido de dirección; sabemos hacia dónde vamos, dejamos de caminar a la deriva y apreciamos cada pequeño avance, encontrando sentido en el proceso.
  • Vínculos que nutren: cultivar relaciones basadas en el respeto y la empatía es esencial para construir un entorno emocional seguro. Rodéate de personas que te nutran y actúen como un bálsamo contra el estrés y la anhedonia. Estos vínculos afectivos no solo elevarán nuestra calidad de vida, sino que nos brindarán el soporte necesario para vivir con mayor significado y plenitud.

Prioriza tus vínculos, ajusta tus expectativas y recuerda que mereces un descanso que no tenga como fin la productividad, sino tu propio bienestar.

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